Ilustración conceptual original de Radar Inversión; no representa instalaciones reales.
Publicado: 27 de octubre de 2026 · Radar Inversión
La ANDE y Kuntur S.A., vinculada a Araico, firmaron el 22 de octubre un contrato por 15 años para suministrar electricidad a infraestructura de inteligencia artificial en Yguazú. El suministro empezará el 1 de diciembre con 6 MW y llegará gradualmente hasta un máximo de 286 MW en abril de 2029. Esa potencia aún no está siendo utilizada.
Qué establece el contrato
ANDE informó tarifas promedio de USD 56,39/MWh a 23 kV y USD 48,91/MWh a 220 kV, con reajuste anual vinculado a la inflación estadounidense y mínimo del 2,5 %, más revisión de costos de generación cada dos años. Kuntur financiará las obras de conexión en la subestación Yguazú.
Por qué genera controversia
La ANDE informó una disponibilidad de aproximadamente 750 MW para nuevos proyectos frente a expresiones de interés de unos 6.000 MW. Estas últimas no equivalen a demanda firme contratada. Tras asignar 286 MW a Kuntur, quedarían unos 464 MW de la disponibilidad identificada. La Unión de Ingenieros de ANDE propuso concursos para adjudicar potencia a industrias electrointensivas. El debate sobre precio y transparencia no demuestra por sí mismo irregularidades.
En qué afecta a Paraguay
El proyecto puede atraer infraestructura tecnológica, servicios e ingresos por suministro eléctrico. Pero reservar potencia durante 15 años reduce alternativas de uso industrial futuro. No hay datos suficientes para cuantificar hoy empleo, efectos sobre tarifas residenciales o rentabilidad neta de ANDE.
Dimensión económica
Si, hipotéticamente, 286 MW se utilizaran sin interrupciones durante 8.760 horas a USD 48,91/MWh, la facturación bruta anual sería de aproximadamente USD 122,5 millones. Esto no representa ingresos garantizados ni utilidad: depende de consumo, ajustes y costos.
Lectura Radar | Paraguay debe decidir cuánto vale su energía y qué desarrollo quiere financiar con ella
El contrato entre ANDE y Kuntur plantea una cuestión que trasciende la instalación de centros de datos y la expansión de la inteligencia artificial: Paraguay está comenzando a comprometer una parte de su capacidad energética en proyectos de largo plazo, sin que el debate público haya establecido todavía cómo medir el retorno económico integral de esas decisiones.
Durante décadas, la abundancia hidroeléctrica fue presentada como una ventaja competitiva nacional. Sin embargo, disponer de electricidad relativamente barata no garantiza por sí mismo industrialización, transferencia tecnológica ni desarrollo sostenible. El verdadero desafío consiste en transformar ese recurso en inversión productiva, empleo, conocimiento y mayores ingresos para la economía.
El precio de la energía no equivale a su valor económico
La tarifa anunciada de USD 48,91 por MWh para el suministro en muy alta tensión es un componente central del contrato, pero resulta insuficiente para determinar si el acuerdo beneficia al país.
La rentabilidad depende del costo efectivo de abastecimiento, las inversiones requeridas, las condiciones contractuales y el consumo real. Además, existe un factor menos visible: el costo de oportunidad.
Cuando ANDE compromete hasta 286 MW durante 15 años, esa potencia deja de estar disponible para asignarla simultáneamente a otros proyectos. La decisión implica privilegiar una utilización específica frente a alternativas que podrían ofrecer distintos niveles de empleo, exportaciones, recaudación y encadenamientos industriales.
Esto no significa que un centro de datos sea una inversión menos conveniente que una fábrica. Significa que Paraguay necesita instrumentos para comparar ambos modelos con criterios económicos verificables.
El riesgo de convertirse en proveedor de electricidad barata
Los centros de datos de inteligencia artificial pueden representar inversiones de gran escala y contribuir a desarrollar infraestructura digital. No obstante, suelen presentar una relación entre consumo eléctrico y empleo directo diferente de la manufactura intensiva en mano de obra.
Por ello, el volumen de inversión anunciado no debería ser el único indicador de éxito.
Es necesario conocer qué proporción del capital se ejecutará dentro del país, cuántos proveedores paraguayos participarán, qué capacidades tecnológicas se desarrollarán y qué ingresos tributarios y comerciales permanecerán en la economía nacional.
De lo contrario, Paraguay podría consolidarse como una localización atractiva para grandes consumidores internacionales de electricidad, sin capturar proporcionalmente el valor económico generado por las actividades tecnológicas que esa energía permite desarrollar.
La disponibilidad energética ya exige decisiones de asignación
La diferencia entre los aproximadamente 750 MW identificados como disponibles para nuevos proyectos y las expresiones de interés cercanas a 6.000 MW comunicadas por ANDE evidencia una presión creciente sobre la capacidad de suministro.
Aunque las expresiones de interés no equivalen a contratos firmes, muestran la necesidad de establecer prioridades.
En este contexto, los mecanismos competitivos de asignación de potencia merecen una evaluación técnica. Podrían ayudar a identificar cuánto están dispuestos a pagar los inversionistas y qué beneficios adicionales ofrecen sus proyectos.
Sin embargo, adjudicar electricidad exclusivamente al mejor postor tampoco garantiza el mayor desarrollo económico. Una política energética moderna debe considerar conjuntamente rentabilidad, empleo, inversión, diversificación productiva, infraestructura y seguridad del suministro.
Una oportunidad para redefinir la política industrial
El proyecto Kuntur puede contribuir al posicionamiento de Paraguay en la economía digital. Pero su relevancia estratégica dependerá de los resultados efectivamente alcanzados y de la capacidad institucional para administrar compromisos energéticos de largo plazo.
La discusión debería traducirse en reglas transparentes, evaluaciones económicas comparables y seguimiento público de los resultados.
La conclusión de Radar Inversión es que Paraguay no debe medir el éxito de su política energética únicamente por los megavatios contratados o los millones de dólares anunciados. Debe medirlo por el valor económico y productivo que consigue generar con cada unidad de energía comprometida.
El contrato ANDE–Kuntur no demuestra por sí mismo que el país esté realizando una mala operación. Pero sí expone una pregunta que ya no puede postergarse: ¿está Paraguay construyendo una estrategia para maximizar el valor de su energía o está respondiendo individualmente a las oportunidades de inversión que llegan?
La diferencia entre ambos enfoques puede determinar buena parte de su competitividad industrial durante las próximas décadas.
Fuentes: ANDE, 23/10/2026; ABC Color, 24/10/2026; La Tribuna, 27/10/2026.

